U N    S A B A D O    C U A L Q U I E R A

Situémonos: Es un Sábado noche, pongamos que a las 23:45, en la ciudad de Barcelona, del año mil-novecientos-ochenta-y-vete-a-saber-tu-cual-es.

Después de cenar algo y beber una botella entera de vino peleón en uno de los muchos garitos que hay por la zona de Ronda de San Antonio, rodeado de docenas de punkarras con eternas lamentaciones hacia la corta vida musical de los Sex Pistols, me dirijo a todo trote en búsqueda del Paralelo, pensando en que siempre les quedará The Damned.

A todo trote es la palabra. Voy a todo trote, no hay metro, no hay autobuses, y el dinero que podría ser para un taxi, prefiero invertirlas en un copazo. Bendita adolescencia.

Llevo toda la parafernalia encima: pelo completamente invadido por casi un bote entero de laca, todo de negro, capa negra, botas negras con espuelas, y una enorme cruz plateada que despierta comentarios en un par de viboras celulíticas neo pijas borrachas que están confundiendo un semáforo en verde que hay a lo lejos con la luz verde de un taxi... A este seguro que le gustan los Depeche Mode y los The Cure estos...jajajaja, dice una, mientras la otra asiente, cual borreguito amaestrado. Y con un sonoro corte de mangas, desaparezco entre la cutre iluminación de una callejuela (hay que tomar atajos).

Prosigo con el trote, mientras aun me retumba en la cabeza la ultima canción que baile como un poseso en la sesión de tarde de la discoteca, el My own way de Duran Duran; llego ya a la Avenida del Paralelo, son ya las 12 de la noche y aún no habrá llegado nadie a Studio 54, por lo que decido beber un poco mas. La gran guerra a favor de la deshinibición.

Pero el efecto del vinillo ya esta haciendo mella cuando advierto por las caras de unos pseudo motoristas (usuarios de vespinos) que sin darme cuenta voy cantando a toda voz el Two Tribes de Frankie Goes To Hollywood.

¿Qué garito escojo?...da igual, la bebida es casi la misma en todas partes, aunque la música no. La opción es sencilla oigo que en uno por el cual paso delante, ponen el Safety Dance de Men Without Hats...ahí que entro, y...alegria!!! Aquí hay litronas de cerveza y de vino!!!!. Me decido de nuevo por el vino, y compro una cajetilla de Ducados (maldita crisis), cuando me doy cuenta que está sonando el Der Kommissar de Falco...o sea que botella en mano me dirijo a una pequeña pista sacudida por un paupérrimo juego de luces, que hay en el local, a bailar.

No hay mucha gente, solo unas niñas de estas de jersey a juego con los calentadores de tobillos a lo Eva Nasarre, apurando unos porros medio a escondidas por miedo a que las vea alguien, y 4 o 5 personas mas que en vez de bailar parece que esten viviendo en una nube...que decadencia por dios. Trago arriba, trago abajo, y empieza a sonar el White Wedding de Billy Idol...la noche promete (efectos del tintorro peleón sin duda).

Bailo el The Lebanon de Human League, Locomotion de OMD, Love is the Drug de Roxy Music, cuando miro el reloj y veo que ya son mas de las 12’30...debería ir tirando para la disco pero los contoneos de una morenita New Romantic que baila el Master and Servant de Depeche Mode, me absorven por completo.

Bah!!...alli habrán más como esta, ¿babear yo?, jamas!, dios me libre. Y me voy con paso acelerado en dirección al gran templo nocturno: Studio 54.

Llego, pago y guardo la entrada en un buen sitio, vale consumición, asi que con ella, no se juega.

Bien, tengo que localizar a la gente, a los amigos, a conocidos, etc, por lo que empiezo a patear el local al ritmo del I Won’t Let The Sun Go Down On Me de Nick Kershaw y seguidamente del Material Girl de Madonna. Esto se empieza a llenar ya...son la 1’10 de la madrugada, y el 'colocón' ya empieza a ser importante.

Don’t Mess With Dr. Dream de los Thompson Twins es lo que empieza a sonar, cuando diviso en el escenario unas cuantas caras conocidas. Son mis amigos. Ellos habían ido a un local de una ciudad de las afueras, al cual no me había apetecido ir esa tarde.

Después de los saludos de rigor y de relatarnos como nos había ido la tarde tanto de una parte como de la otra, nos dirijimos a una de las barras. Esto esta imposible. Pero el dios discjockey se pone de nuestro lado pinchando el To Cut A Long Story Short de Spandau Ballet, y gran parte de los habitantes de la barra se dirije hacia la pista.

Una camarera nada sorprendida por el hecho de que unos adolescentes a lo New Wave la desnuden con la mirada, sirve con rapidez 6 Bacardi con cola, y recoge no menos rapidamente los 6 tickets de consumición, mientras yo me despido de el con un emotivo: 'Adios amigo, se que mas tarde te echare de menos', y desaparecemos entre la multitud, bebida en manomientras el New Years Day de U-2 da martillazos a la sala, - Estos Irlandeses jamas llegaran a nada, digo yo, mientras uno de mis amigos asiente y me hace una señal dirigiendo una mirada fuera de orbita hacia dos monadas vestidas de negro. Hacia allí que vamos, importándonos poco hacia donde se dirijan los demas, nosotros las vimos primero.

Cambia la música: el Hot Water de Level 42 con el bajo de Mark King, el efecto del alcohol, el tremendo calor provocado por el llenazo de la sala y la intensidad de la iluminación, nos sacuden fuertemente y lo que podría haber sido una bonita historia con alguna de ellas dos, se convierte en unas tremendas calabazas. No hay dolor, solo resignación. Hay mas y esto no ha hecho más que empezar. - Charlie a por otras, le digo yo a este, contestándome el, - si, tenemos que amortizar lo invertido en alcohol...y mientras, el Working With Fire And Steel de China Crisis, provocándonos dolor en los oidos mas que otra cosa...esta es cortita no durara mucho, pienso yo.

El Don’t You Forget About Me de los Simple Minds corona la sala, cuando son casi las 2 de la madrugada, y aún no se vislumbra ninguna posibilidad de poder llegar a terminar la noche en mejor compañía que de 5 amigos ebrios. Las hormonas son unas cabronas.

Pero, la esperanza es lo último que se pierde, y en pleno apisonamiento de la pista de baile, con el Modern Love de David Bowie, hay una chica que parece querer decirme algo. Veo la luz. Toda de negro también, bisutería plateada con pedrería, botines con tacón de aguja, mas o menos una edad similar a la mía, cara y cuerpo bonito, sonrisa y mirada maliciosa...la cosa se pone bien!!!!

Profundo chasco; sólo quería pedirme un cigarro, y encima la muy desagradecida, me ha mandado al cuerno cuando ha visto que era tabaco negro. Y lo malo es que las desgracias nunca vienen solas: se me ha terminado también la consumición, y casi me ha pasado inadvertido que han puesto el Planet Earth de Duran Duran. En fin, no desesperemos y bailemos el Situation de Yazoo, que para algo esta sonando.

Son ya las 2’30 de la madrugada.

Es hora de salir un rato de la discoteca, e ir a cualquier bar cercano a tomar algo mas, el precio lógicamente difiere del de dentro.

Cogemos a los demas y nos vamos de ahí, no sin antes bailar como posesos el Photographic de Depeche Mode, con el cual nos han regalado a los oidos.

Y ¿qué toca beber ahora? - ¡tequila!, dice uno. Que dura que es la noche, y jodida sera la resaca de mañana, pienso yo.

Pero todo esto es rapido. Salida de la discoteca, previa colocación de señal en el antebrazo para poder volver a entrar, un par de tragos rápidos, y vuelta al campo de batalla, osea, a Studio 54.

na vez ya dentro y saboreando el Sweet Dreams Are Made Of This de Eurythmics, toca una cerveza para suavizar la bajada del tequila, y posteriormente unos chicles de menta para suavizar ese aliento a alcohol, que tanto les suelen repeler a ellas cuando les entras. Aunque bien pensado, hay otros síntomas inequívocos del estado de embriaguez, no solamente es el aliento que te puede producir el vino, el ron, el tequila y la cerveza.

Son ya las 3’15 de la madrugada, y me aburro como una ostra.

Son ya las 3’15 de la madrugada, y voy totalmente del reves también.

Paso varias canciones de largo, dando bandazos por el local, intentando ver algún objetivo de ataque. El Change de Tears For Fears, Dear Prudence de Siouxie And The Banshees, The Walk de The Cure y el Don’t Go de Yazoo. Además, me doy cuenta de que he perdido a los demás. Bueno, suele ocurrir cada fin de semana, que cada cual acaba montándose la guerra por su lado.

Es curioso, te planteas el Sabado por la noche, como si no pudieras dejar de salir, como si te fueras a perder media vida, y luego a veces, preferirías no haber salido. Pero, como la mayoría de cosas en nuestra vida, forma parte de una rutina.

Esto no puede ser, hay que hacer algo, no se puede decaer, y con el Blue Monday de New Order a todo sonar, entro en la pista rápidamente no sin dejar de pisar a álguien como es costumbre, dado el estado de ebriedad existente.

Bailo también el Genetic Engineering de OMD, el Are Friends Electric? de Tubeway Army, el Tainted Love de Softcell, el West End Girls de Pet Shop Boys y el Wild Wild Life de Talking Heads. El cansancio ya empieza a hacer mella, de todas formas, son ya las 4’30 pasadas de la madrugada, y en una hora y media ya abre el metro.

Dirijo mis pasos hacia la parte de arriba de la discoteca, subo los escalones al ritmo del Just Can’t Get Enough de Depeche Mode, para encontrarme...¿con que?, con un triste espectáculo mis amigos durmiendo tirados en las escaleras...habían firmado ya la derrota ellos, auque a decir verdad, no se como me sostengo aun de pie yo.

Cojo otra cerveza, y visto lo visto, me dirijo de nuevo abajo; al escenario concretamente, donde menos gente quedaba ya bailando, y podía dar rienda suelta a movimientos de lo mas espontáneos de un lado hacia otro sin tener que ir con cuidado de atropellar a nadie. El Shout de Tears For Fears era además un tema muy propicio para desvariar del todo, junto con el You Spin Me Round de Dead Or Alive y el Take On Me de A-ha. De pronto la imagen de unos sillones rojos al mas puro estilo de discoteca de la decada de los 70 cruzan mi vista, y en uno de ellos, la misma chica de antes, la que solo quería tabaco.

Volveremos a probar, no sea que a estas horas de la madrugada haya perdido ya todos los escrúpulos a la hora de elegir algo que fumar. Pero no, no los ha perdido. Es triste, pero es así, aunque bien mirado, el sillón en el cual me he sentado, es comodo.

- Oye, despierta, que son las 6 de la mañana y esto lo cierran ya. Eran mis amigos. Nos teniamos que ir ya. Ellos con las caras totalmente desencajadas y pálidas después de una dura noche de fiesta, aunque ni menos ni mas que la mía. Teníamos que ir a buscar el metro para volver a casa.

El sábado que viene tiene que ser distinto. Mejor. En definitiva es lo que repetimos cada sábado, o por lo menos, casi todos.

Ya en la calle, no hay neones, no hay música, no hay apenas coches, solo se ven noctámbulos como nosotros que van de vuelta a casa, y empieza a amanecer. Me quito mi cruz, la capa, me agito el pelo, y vuelvo a la tierra.

Albert Recasens Gil

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